Eutanasia

La vida humana termina con la muerte natural. Nadie tiene el derecho de acabar con la vida de otra persona, incluso si ésta misma lo pide para dejar de sufrir. La eutanasia que etimológicamente significa algo así como “muerte por misericordia” no lleva en sí lo que algunos consideran compasión, sino una gran carga de incomprensión sobre el verdadero sentido del sufrimiento que sí forja a la persona.

Lo que sí se podría evitar en algunos casos y podría ser incluso legítimo es el “encarnizamiento terapéutico” que es un tratamiento demasiado complicado, oneroso, excesivo, que se da cuando ya no puede evitarse la muerte.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la eutanasia como aquella “acción del médico que provoca deliberadamente la muerte del paciente”.

Esta definición resalta la intención del acto médico, es decir, el querer provocar voluntariamente la muerte del otro. La eutanasia se puede realizar por acción directa: proporcionando una inyección letal al enfermo, o por acción indirecta: no proporcionando el soporte básico para la supervivencia del mismo. En ambos casos, la finalidad es la misma: acabar con una vida enferma.

Esta acción sobre el enfermo, con intención de quitarle la vida, se llamaba, se llama y debería seguir llamándose homicidio. La información y conocimiento del paciente sobre su enfermedad y su demanda libre y voluntaria de poner fin a su vida, el llamado suicidio asistido, no modifica que sea un homicidio, ya que lo que se propone entra en grave conflicto con los principios rectores del Derecho y de la Medicina hasta nuestros días.

Más información:
Razones del No a la eutanasia

Apuntes sobre la eutanasia

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